AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

martes, 11 de abril de 2017

Cartas desde Barbastro - lazo negro 13

Foto: Miss Cakahuette



San Leonardo de Yagüe (un preinfierno)



Alma,

Yo también te llevo retenida. Aferrada a mí e impregnando todo lo que me rodea. Cómo sino iba a soportar lo que sucede a mi alrededor.

Has de saber que pedí audiencia con el obispo. No podía más y me lancé a ello. Pero no llegué a él, tan solo a uno de sus secuaces (no sé definirlo de otro modo). Me dijo que el obispo no deseaba verme y que le transmitiera a él mis peticiones. Yo le dije que necesitaba que me devolvieran a Barbastro, que si alguna pena hube de purgar, con aquello ya había sido suficiente. No sabes dónde te has metido, ¿verdad?, me dijo, nuestras acciones tienen consecuencias, y las tuyas no han hecho más que empezar. Le dije entonces que colgaba los hábitos, de manera definitiva e irrenunciable, que no estaba dispuesto a soportarlo más. Deberías haber escuchado su voz, el tono de sus palabras: tú te irás cuando dejes de remover la mierda y el obispo lo permita.

Se me heló la sangre, Alma. La misma persona que después se pone ante el altar para hablar de la bondad de Cristo, me habló como lo hubiera hecho el mismo Diablo. Me quedé sin palabras

Por primera vez tengo miedo, no tanto por mí como por todos los que estáis a mi lado. No deseaba contártelo, para qué hacerte pasar un mal trago que tampoco podrías paliar. Veras, llevo dos días en cama, Alma. Por suerte el bueno del padre Agustín me cuida, el resto me tratan como si fuera un apestado. Y no, no es porque esté enfermo, es porque me dieron una paliza, en plena calle y a los ojos de todos. Nadie sabe quienes fueron, pero yo sí, aunque deba callármelo. Son secuaces del obispo, gente criminal que en estos tiempos convulsos, ahora que ha muerto el general, tienen patente de corso para actuar a su antojo. Gente que, mientras me golpeaba sin piedad, me decían que olvidara todo y que volviera al redil de los siervos devotos del obispo..

Pero no pienso arredrarme, amor. Volveré contigo, así reviente el mundo y bajen los ángeles. Hasta a ellos me enfrentaré si es necesario, para defender el sentimiento que nos prodigamos. Si existe Dios, entenderá que necesite atar mi piel a la tuya hasta el fin de los días.

¿Sabes que pensaba el otro día? Te recordaba en nuestro último encuentro, cuando saliste del baño, envuelta en la toalla. Te pusiste frente a mí mientras yo, echado en la cama, te miraba. Mira, esto es lo que llenó mi mente por unos instantes: tú buscando tu ropa… tú avergonzada (como si ya la vergüenza todavía sirviera de algo)… tú poniéndote las bragas con el mayor recato, sin apenas subir la toalla más allá de lo necesario… tú despojándote de ella, después, y lanzándola al aire… y tus pechos, ellos sí, mostrándome sin recato las rosas que los colman. Y vistiéndote mientras me sonreías y preguntabas porqué te miraba de aquel modo. Cómo iba a mirarte si eres tan hermosa. Fue tan hermoso revivir esa escena. Incluso trascendió al placer que me produjo su recuerdo.

No podrán con nosotros. Te lo juro Alma. He averiguado que vienen tiempos nuevos. Sé, por fuentes fiables, que la España de la Cruz ha de cambiar a otra sin espinas. No puedo contarte mucho, pero debo ponerme en contacto con personas importantes de partidos políticos, todavía en el exilio, que están dispuestas a escuchar lo que sé para tomar medidas en un futuro próximo.

No te imaginas la fuerza que eso me da. Saber que existen puertas a las que llamar y personas dispuestas a escucharme. Eso, nuestro amor y la inminente posibilidad de un futuro sin más atadura que la de crecer juntos como seres libres.

Cuento los días y te rememoro, como decía el poeta: “entre solitarias lunas de deseo”

Tuyo,

Ángel Capaz. 















Escrita y publicada por Manel Artero en su blog en Abril 2017
Foto: Miss Cakahuette




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