AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

sábado, 4 de febrero de 2017

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -10-

                                                                                         
Fotografía : Miss Cakahuette
                                                                                                     

                                                                                                                                                   Ainsa, (sin fecha)


Ángel
mi luz


Tu carta está siendo un verdadero antídoto, a los días que no duermo y a las noches que paso en vela, soñándote, como imposible. Hoy por fin vuelve a amanecer y yo a sonreír.

Tu regreso me hace extremadamente feliz. Vuelvo a sentir la misma urgencia por tus manos acariciándome y evoco cada uno de tus besos, esa perfecta cadencia al devorarnos, ese instante en el que el mundo, de puro amor, se detiene para nosotros, al mirarnos más allá de los ojos, al sentirnos dentro en perfecta comunión, al sabernos. Ser y estar, a pesar de las contradicciones y en secreto.

Ángel, la vida, de repente, no está siendo nada fácil aquí. Al menos para mí. Hay vecinos que han dejado de hablarnos, y apenas me relaciono. Las conversaciones con mi abuelo me sanan, y mitigan el dolor. Sé que Manuel me cuida, disimula despreocupación para no agobiarme, pero también sé que está acongojado, intentando suavizar la situación y buscando siempre las palabras precisas que me hagan reflexionar y tomar decisiones con la templanza que debo.

Yo me encuentro, a pesar de todo, excepcionalmente bien. Solo mi alma, es ella quién flaquea, echándote en falta sin descanso, sin cesar. Aleteando por la geografía hasta llegar y poder espiarte desde el cielo, envidiando a los compañeros que pueden verte y escuchar tu voz, imaginándote con la mirada perdida atravesando esas paredes de piedra, orando a tu Dios para que me proteja y me guíe, de algún modo, otra vez, hacía ti.


Y es así al final de cada día, que descubro que podemos soportar mucho más de lo que realmente creemos poder sobrellevar. No hubo más alba ni más ocaso que disfrutar desde que te fuiste. Debes saberlo.

Magdalena siempre me escucha, y suspira. -Ay, Alma, si pudiera enseñare a olvidar tanto dolor... pero no puedo. Es más, no quiero, precisamente porque te quiero. Algún día encontrarás la explicación a todo, ten paciencia y no dudes jamás de ti misma." Esas cosas me dice, y luego me abraza, y me acaricia la cara, y me siento tan arropada, casi como una niña, y me gusta esa sensación...

Pero la gente de esta tierra no es como ella. Y de sentir asfixia he pasado, en silencio, al ahogo y a sentir por momentos que debía abandonar, y a maldecir, y a intentar odiarte. Y aunque ya sabes que no lo he conseguido, te pido disculpas por mi insensatez, y te pido perdón, amor, porque sé que diciéndotelo te hice daño. Mucho daño.

Releo tu carta, una y otra vez, repaso con las yemas, una a una, cada una de esas letras, como un juego, como cuando dibujabas códigos secretos en mi vientre, y lo besabas, y le hablabas casi en tono de solemne oración, y yo me estremecía como hago ahora.... quién pudiera tener el poder de tocar ahora con ellas tus dedos al escribirme... ojalá que cuando te mires las manos, sientas siempre que te faltan las mías. Ojalá entiendas que siempre te amaré, hasta el frío de la muerte... y más allá, si es que hay algo más allá de veras, como decís.

Necesitaba saber que tu mano no me soltaría al caminar.
Y es ahora que lo sé.

Dime, Ángel, si pudieras, ¿vendrías esta misma noche...?
Ahora sé que sí, y es lo único que me importa.

Y precisamente por eso, puedo compartir contigo la decisión que he tomado. Me voy a Barcelona, amor mío, tengo que irme de aquí, no hallo otro modo de reencontrarme y de respirar, aunque sea sin tu aliento. Tendremos que buscar la manera de vernos, y de seguir escribiéndonos cartas, no me abandones ahora, te necesito más que nunca, tu sosiego y tu templanza, amor, y tu contradicción y tu locura, también la deseo, hasta volverla mía, y mi alma, tuya.


Por supuesto que te esperaré, Ángel, vida mía

Te quiero

amor fugaz
mi serenidad
tu amor mi luna
mi dulce canción de cuna


Alma 
como luna

llena.




Pd.: nada deseo más que encontrarme contigo.
Seguiré con cautela las instrucciones que me envíes



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