AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

lunes, 3 de febrero de 2014

Cartas desde Barbastro, lazo negro -5-


Antes de llegar a esta carta (nota sería mejor) deseo hacer algunos comentarios. Primero, decir que no iba a publicarla. estaba escrita con muchos tachones, frases ralladas por encima, un caos que no parecía importante en absoluto. Reconozco también que he cortado un par de párrafos que eran repetición de lo que ya queda expresado.

Bien,  cuando Nieves me mandó la suya última vi que ésta no podía quedarse en el tintero. Y las razones son obvias, este documento tiene una carga histórica y social irrenunciable. Y eso es lo que me obliga a publicarla.

No podemos olvidar que estamos en la españa de 1970, espacio temporal que yo viví muy de cerca pues andaba en plena adolescecia. Los hechos que narra Alma, situados en aquel entonces, tienen una carga transgresora tan grande que se nos escapa a nuestra mentalidad de ahora. Ahí nace la necesidad de leer los pensamientos de la otra parte, el padre Ángel, para tomar un mínimo de perspectiva de ese tiempo triste de este país.

Publicado por Manel Artero en su blog


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                                                Ainsa, 8 de septiembre de 1970

Amada Alma,

Tal como he leído tu carta me he visto en la necesidad de escribirte estas palabras. Ante todo, cómo se te ocurrió irte así con Magdalena. Debo hablar con ella, debe saber el daño terrible que puede hacer a tu reputación que andes por esos lugares a cara descubierta. No la entiendo, no sé como ha podido comprometerte de ese modo. Pido a Dios que no hubiera nadie conocido, las dos, dos mujeres conduciendo un automóvil  por la noche y entrando en esos lugares, solas.

Dicho esto, te pido que no juegues conmigo, Alma, por favor. No soy hombre bregado ni en la vida ni en amores y su extensión carnal. Solo por ti he sentido lo que me atenaza, te antepones ya a cada uno de mis pensamientos y por saberte deseo que amanezca mañana. No sé si yo me merecía algo así. Hubiera sido mejor no saberlo al menos. Ahora sé cosas que no desearía conocer y hasta el modo de enfrentarme a Magdalena se verá comprometido. ¿Cómo la escucharé en confesión sabiendo los pensamientos que alberga sobre mí?

Dios, Alma, ¿qué me sucede?

No deseo que entiendas intención de posesión en mis palabras, Dios me libre. Si yo soy el primero en atarme a mis creencias. Pero esa segunda parte de tu carta, esa descripción de lo sucedido… siento que mi hombría se tambalea, siento celos, siento odio por aquel que te tuvo sobre su regazo. ¿Dónde queda aquel sacerdote que habitaba en mí? No me reconozco. Albergo sentimientos que he escuchado mil veces de boca de otros y que perdonaba, ahora sé que sin entender. No puedo extenderme más, Magdalena se levanta y deseo que te entregue esta nota.

Pronto hablaremos. Pronto el beso devolverá la calma a mi tormento.

Tuyo, cada vez más,
Ángel atormentado.

PD Hoy detesto a Magdalena.



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