AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

viernes, 21 de febrero de 2014

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -7-



The eye, 1953 by Rondal Partridge


Y tu corazón caliente,
nada más.

F.García Lorca



Ainsa, martes 20 de octubre 1970

Mi Ángel,
Mi amor,

Caído o no, doy gracias a tu dios por habernos concedido la oportunidad de conocernos, de acercarnos, de adentrarnos como lo estamos haciendo. Yo también siento miedo. ¿ Acaso dudar no nos convierte en perfectos amantes… ?

Llevo días entregada a los libros que encontré en el armario de mi madre. Huelen a élla, sin duda.

Mi abuelo Manuel alzó la mirada por encima del periódico y me preguntó si necesitaba hablar de algo con él. Y claro que me urgía. Me escuchó atento, con el diario ya ardiendo en la chimenea, sin apenas interrumpirme, salvo para preguntarme dos cuestiones: Si me sentía enamorada y si era feliz. Se hizo el silencio delante del lar. Me cogió una mano y se quedó mirándome con esos ojos azules sin pestañear. Me salió el suspiro más hondo que jamás hubiera imaginado, y asentí sonriendo emocionada. – Entonces, tendremos problemas, Alma, pero no te preocupes, soy especialista en solventarlos, créeme. Nada te podrá detener. A ti, no, luna.


Me contó que habíais estado conversando, y que le gustó tu noble gesto y tu valentía. Sin entrar en detalles ni especificar más. No sabía que te había amenazado. Está preocupado, ahora sé que no solamente por mí, sino por nosotros. Pero me anima, me arropa constantemente. Tiene la virtud de que te sientas siempre con la capacidad y el poder necesario para emprender cualquier cosa que desees en el mundo. Mas he de confesarte que también he pensado que quizás fuese mucho más fácil no volver a vernos e intentar dejar que otro hombre entre en mi vida a enamorarme. De alguien quizás de mi edad, que me quisiera tanto como tú, no podría más, y que pudiéramos llegar a ser una pareja feliz. Pero…

Pero mi corazón se cierra como un puño de hierro, y la tristeza más profunda me encoge solamente con imaginarlo. Te quiero, aunque caído, Ángel.

Te quiero como el sol quiere a la luna, imposible amor salvo un par de instantes para verse cada jornada, pero así de indispensables para seguir con vida.

Prefiero morir a dejar de intentar seguir amándonos.


Es cierto. Presiento la tormenta y la persecución de la que me hablas. Soy consciente de que tendremos que sufrir lo que no merecemos, y lo que no está escrito aún. Reniego de este pueblo pequeño, de esta sociedad que tanto se arrastra a poderes babosos y corruptos. No lucharé contra mí, porque no puedo. Conseguiré fuerzas de dudas y flaquezas, y sosiego de la incertidumbre. Se lo he prometido a Manuel, y además creo que yo merezco esa loca posibilidad de lucha. No puedo esconder tanto amor.

Ni puedo decirte el rencor que tengo hacia tus compañeros y hacia el señor obispo. Tengo miedo de que nos separen. Sé que lo intentarán porque les mueve la maldad. Ten fe, más que nunca, cariño, habla con tu dios y ruégale por nuestro amor. Yo hace mucho que no oigo su caminar, ya no le siento. Se me cerró el alma en algún momento mientras crecía, entre domingo y domingo. Tus homilías eran el único hilo que mantenía la esperanza de llegar a sentir la fe de la que siempre hablabas. Pero ahora ya ni eso siquiera. Le he perdido en algún lugar de ese camino que me acabó trayendo, paradójicamente, a ti.

Pase lo que pase en la reunión del viernes, que nadie te arrodille, que nadie te haga flaquear, no te avergüences de la pureza, porque por muchos castigos que nos impongan, nadie podrá robarnos los sentimientos, ni la dignidad nunca, Ángel. No quiero verte tan triste.

Y si hace falta, miente.



Necesito volver a verte.
Amor.

Alma


Pd. Besos, de ésos.


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