AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

jueves, 23 de enero de 2014

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -1-

Foto: Miss Cakahuette
                              


                                                                                                                                                    Ainsa, 20 de agosto de 1970


Padre Ángel

Si hubiese palabras le escribiría en silencio.

Y si hubiese sensatez suficiente no le contestaría si quiera.

Cuento los días que han pasado, y aunque no sé a quién, se me ocurre implorar para que se me borren pronto todos y cada uno de los recuerdos que arrastro, los que a usted le corroen. Ahora sé lo que es tener miedo. A las noches y miedo a dormir por los sueños que regresan insistentemente. O tal vez no. 

Siempre he pensado que este pueblo debería llamarse Ansia. No es de otro modo lo que nos ha ocurrido... Padre, hoy sí he de confesarle algo, que aún le siento dentro, como cosquillas por mi bajo vientre. Todavía el rastro de sus manos desabrochándome los botones del vestido negro y acariciándome, como yo no sabía que se podía acariciar... y sus besos, comiéndome sobre la mesa de piedra. Es cierto, también sentí sus prisas conmigo y su desasosiego en la mirada. Y su ternura de hombre, sin querer, sin poder evitarlo. Y su olor verdadero sin la sotana. Ha de saber que mis labios íntimos palpitan aún templados, todavía húmedos, varias veces al día en su nombre, cuando lo repito, sin atreverme a pronunciarlo siquiera. No me atrevo a tocarme.

Yo no sé mucho de fe, ni sé lo que Dios quiere que haga usted a partir de ahora. Tampoco sé porqué dicen pecado cuando yo he sentido su gozo y usted mi placer, me consta, lo ha sentido así también. Entiendo sus tormentos, puede echarme a mi toda la culpa, yo no le condenaré jamás. En fin, al menos usted tiene al confesor para hablarle, yo no me atrevo a decírselo a nadie. "Lo fácil", como usted dice, nunca ha sido el camino, se lo puedo asegurar, al menos para mí, hasta hoy, no ha sido así.

Si le pido perdón, le mentiría. Si le aparto de mí, me castigaría. Si soy honesta, como siempre me he sido, tendría que pedirle que volvamos a vernos. Y a tenernos apretados, apresurados, sobre el altar de piedra fría y consagrada, una vez más. 


Decido seguir siendo, Alma fiel.


No le aprecio padre Ángel, aún no. 

Solamente le deseo.
Alma.





                                                                                                            Ainsa, 16 de Agosto de 1970

Apreciada Alma,
No sé cómo comenzar. Llevo varias noches postrado ante el altar pero sin poder apartar  de mí la imagen de tu desnudez. Varias noches pidiéndole perdón a Dios por mis actos, pero las oraciones no me traen la calma, solo más y más congoja.
No sé de qué modo podré borrar lo sucedido. No lo sé, de verdad que no lo sé. Ni siquiera sé si deseo borrarlo. Cómo borrar lo hermoso. Sería como negar la flor y su aroma, el pájaro y su vuelo, la nube y el cielo. Solo lo conseguiría si el alma tuviera ojos y pudiera arrancármelos, hasta negar la evidencia de la belleza de tu cuerpo. Así es, Alma, y por más que lo intento te me apareces: tú entera, tu olor, tu sabor íntimo, cada vello de tu piel, cada pliegue y cada sombra que se escondió de la Luna.
Qué hacer Alma, hija mía. Lo fácil, mi misión como sacerdote, sería pedirte que no volvieras por aquí, pero no tengo fuerzas; ni puedo apartarte de la casa de Dios, con qué derecho lo haría.
Pero sé que verte hará flaquear mi frágil fe, porque la debilidad de la carne puede hoy más que mi amor a Cristo. Por esa razón, si me aprecias en algo, sé que esa será la decisión que tomes: no volver más por la parroquia para que, en algún momento, pueda apartarte de mis pensamientos.
Me negaré, eso sí, a convertirte en pecado. Tus veintiún años y la pureza que te robé no merecen sino Virtud. Purgaré yo la culpa de ambos y acataré con obediencia lo que mí confesor dicte.
Quedo tuyo,

Ángel.



5 comentarios:

  1. Si hubiera palabras que alcanzaran, no necesitarían consumar el deseo... Si hubiera pecado, sólo cabría pagarlo... Si nada de ello ocurre, lo que hay es un camino hacia adelante y del que no se puede volver...

    ResponderEliminar
  2. Grandes cartas, me gustan.
    Era al cura de mi pueblo al que le decían: "...padre, sáquemela más para adentro..."
    Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Y es así que aceptar la lujuria nos aleja de la Virtud.
    Y sin Virtud perdemos la Gracia de Dios.
    Pero cuanta gracia tiene vivir sin dios ni gracia ni virtud y entregados a la Lujuria.

    Sinceramente, no sé qué maravillas pueda haberle prodigado el mosén a la chiquilla, pero la ha dejado como para bailar un tango en París.

    Excitante carta la que has recuperado, Nieves.

    ResponderEliminar
  4. ummmm, me atrae, me atrapa, la vida son momentos, hay que vivir los y experimentarlos.. ¿ Porque a de se pecado...?... ansió leer la siguiente.. besinesssss
    Mei

    ResponderEliminar