AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

sábado, 8 de septiembre de 2012

BOCANADAS DEL ALMA



Tuve que salir de la estación. Necesitaba encender un cigarrillo y encontrarle entre las bocanadas de humo. --Se habrá retrasado- pensé. En medio de aquel momento singular entre tantas personas que iban y venían, oí a alguien pronunciar mi nombre. -Sí, soy yo- respondí.

-Hola, soy Marcelo, soy su chofer, me envía mi amigo Bruno, yo le llevaré el equipaje, tenga la amabilidad de seguirme-. -Por favor, Marcelo, tuteemos- le respondí. Subí a un coche negro, con los cristales tintados, olía a nuevo, así que abrí la ventanilla. Marcelo puso música y comenzó a conducir. Me miraba atentamente por el espejo retrovisor, y yo le respondía de igual modo. Pasado un buen rato, entabló conversación conmigo, pero yo solamente deseaba saber dónde estaba Bruno. -Bien, está esperándote, es todo cuento puedo decirte, Alma-.

Nos salimos de la autopista, y empezaron las curvas serpenteando la costa, los acantilados crecían en altura y en belleza. Al fin olía a mar. Marcelo me miraba y sonreía. Caía el sol sobre esa línea imposible que es el horizonte. -Para el coche, Marcelo, - le dije, me bajé, abrí el maletero y saqué mi cámara de fotos. Espectacular aquella luz de finales de verano. Y la sonrisa del amigo de Bruno. Qué buenas fotos y qué gran instante. Teníamos que irnos, en fin, continuamos hasta llegar por un camino sin asfaltar, ya de noche, a una casa sobre las rocas justo encima del mar. Estaba rodeada, todo lleno de velas de colores encendidas. Me quedé inmóvil, en silencio, escuchando el mar... un instante que yo estaba segura de haber soñado.

Marcelo había desaparecido, mi maleta no estaba, ni rastro de Bruno, así que me acerqué a la casa. La puerta blanca estaba entreabierta, al entrar un olor a lavanda y a limón que me resultaba familiar. Abrí la terraza, al fondo, me recosté en una tumbona, a contarle a las estrellas la emoción que sentía. Cerré los ojos, no recuerdo cuánto tiempo me quedé adormilada...

Besaba mi mano, acariciándome con sus besos templados cada uno de mis dedos, y yo me dejaba. Tenía un pañuelo tapándome los ojos. Besaba mi boca, pasaba su lengua mojando mis labios que se entreabrían. Besaba a la vez mi vientre, y eso era imposible, pensé... Pero lejos de preguntar nada, respiré y me quedé relajada.

- Mi Alma... tenía tantos deseos de verte- me susurró Bruno al oido...
- Yo también necesitaba estar contigo de nuevo, vida- le dije...
A ciegas busqué su cara con mis dos manos y le besé, un beso pasional que se transformó en una danza de lenguas al son del deseo... De repente se separó de mí y me dijo, no te muevas, cariño, déjame desnudarte.



Allí estaba, por primera vez en mucho tiempo, a ciegas, sumisa, desnuda, dejando que la brisa pusiese duros mis pezones tan ávidos de sus caricias, fumándome bocanadas de noche y de deseo tanto tiempo contenido. Bruno se recostó a mi lado, también se había desvestido, me besaba el cuello y me acariciaba el pecho. Empezó a jugar con un dedo, haciendo círculos, dibujandome ese camino tan diminuto que siempre regresa al alma. Alguien me acariciaba también el pubis con un dedo, los labios, jugaba con mi clítoris, estaba muy excitada. Abrí mucho mas las piernas y las dejé reposar sobre la cama acolchada.

- Alma, vida, quiero verte gozar, como nunca has sentido, quiero que esta noche sea única para los tres, y que tú seas solamente mía- me dijo con voz muy serena.

Sentí como me separaban los labios y me los lamían con la punta de la lengua, ufff... me estaba poniendo mucho, demasiado pronto quizás. Pero me dejaba llevar...  Metía la lengua en mi coño sin avisar, y yo inconscientemente cerraba mis piernas atrapando su cabeza, no sé muy bien la de quién, y me agarraba a los bordes de la tumbona,  cerrando los puños y retorciéndome de puro placer mientras Bruno, supongo que era él, me comía los pechos como un animal en celo, emitiendo sonidos guturales ininteligibles, me mordía los pezones, como otras veces hizo y como él bien sabía que me gustaba. Se escuchaban las olas que iban y chocaban contra las rocas y volvían al vientre del mar...

- Alma, hasta donde tu nos digas, cariño- me dijo Bruno, y acto seguido me preguntó: -¿deseas que sigamos...? Yo respiré bocanadas de brisa y respondí: -claro que lo deseo-.

Me dejó una especie de aceite sobre el vientre, sobre y entre mis piernas abiertas, untó suavemente cada rincón de piel, cada minúsculo deseo, me masajeaban cuatro manos, cuánto placer sentía... me cogió los pies juntos y derramó aceite también en ellos, la sensación era fascinante. Sin más explicación, me agarró y me dió la vuelta, ungiéndome la espalda y las piernas, y derramando aquella sustancia templada por mis nalgas, hundiendo un dedo por entre ellas, esparciendomela y metiendome un poco el dedo en el ano, todo tan suave, y tan despacio, y otro dedo a la vez untando y entrando un poco en mi vagina, ya no sabía decir de quién eran aquéllas manos, ni cuántos dedos intentaban tocar mi alma, solamente se oía nuestro respirar yendo y volviendo a la terraza sobre el mediterráneo.

Me recostó de lado, Bruno estaba también recostado... o no era él... no lo sé... se colocó más arriba dejandome su pene tan duro y tan excitado justo rozando mis labios. Comencé sin dudarlo a jugar con mi lengua, suave, sin prisa, dibujando su glande en circulos de esos que siempre regresan y vuelven a empezar. Se la cogí con mi mano, retirandole el prepucio hacia atrás a tope, y se la metí en mi boca, a buen ritmo de entrar y salir, de ir y de venir, de chocar con mi lengua y jugar con ella. Se agarraba a mis hombros y le oía gemir, cada vez más, y yo más deprisa, ésmerándome en aquella felación a ciegas, entonces me agarró del pelo, y me separó durante unos minutos. Me acariciaba el rostro con élla, yo me dejaba llevar, bajaba el ritmo de su respirar, supongo que se paró para no correrse tan pronto...

Se arrimó por detrás y me abrazó, quedamos unos minutos recostados, ya no sabía quien me estaba acariciando con su pene y quién me apretaba contra sí por detrás. Pero me gustaba, estaba muy cachonda, me excitaba realmente no saber donde estaba Bruno. Entonces me cogió una pierna, separándomelas, y me empezó a  rozar el culo y el coño con un pene de dimensiones casi idénticas al que yo comenzaba de nuevo a comerme. Sentía el calor aceitoso de los sexos empapados. Deseaba a Bruno más que nunca, aún sin poder verlo ni conseguir identificarlo...

Me la metió despacio por el culo, yo sentí un placer lento e inmenso, y se quedó parado, dilantándome, acariciándome todo el cuerpo, besándome el cuello y la nuca, pegándome pequeños mordiscos. La metió un poco más, mientras me sujetaba fuerte la pierna izquierda, para separarla. Creo que fué Bruno quien sacó su polla de mi boca y se puso a mi altura a besarme como un loco y morderme los labios y la lengua, sentía su pecho ardiendo contra el mío, y el otro entonces me la metió entera, ainsss... que placer sin sentido y sin miradas, qué locura... Eramos tres, pero yo solamente le deseaba a él. Fué entonces cuando me empezó a pasear su polla por mi vagina tan ardiente ya, mientras me follaban por detrás y me hacían estemecer al son de sus embestidas. Y también me penetró, que era lo que más deseaba en aquel preciso instante, pensé que no podríamos, pero claro que podíamos... éllos se pusieron de acuerdo en el ritmo, en las caricias, en sujertarme la pierna, pero los besos y los morreos, ahora estoy segura, eran de Bruno.

Y pensé que me corría, y me corrí, pero seguían follandome, seguíamos bailándonos el sexo, y al cabo de unos minutos de intensidad in crescendo, me volvía a correr, hacían que repitiese los orgasmos, mojándoles, mezclando el salitre y el unto y la lavanda, yo me agarraba como podía a Bruno, le arañaba la espalda, implorándole más y más, más fuerte, más adentro, que me lo diera todo...



- Córrete conmigo Alma, córrete para mi, amor...- me susurró jadeando, mientras ellos seguian follándome por todos lados y en todos esos cinco o seis sentidos... y yo me abracé fuerte a él, y cerré los ojos todavía vendados, y sin poder ni pensar, tuve un orgasmo largo e intenso mientras le repetía en dirección a nadie -Aqui tienes tu alma, demonio, aqui la tienes, Bruno, aqui me tienes...-. Y Bruno se corrió dentro, mirándose los dos me supongo, unos empujones como nunca le había sentido, y nos quedamos los tres alli recostados, agotados, de lado, sintiendo nuestros sexos unidos y con pequeñas sacudidas aún. Me dejaron bajar la pierna. Me acariciaba la cintura y la cadera haciendo de aquel paisaje algo exclusivamente suyo.

Entonces entendí que era su amigo Marcelo. Me agarró y me la sacó del culo con extrema suavidad. Me masajeó el anillo del ano con suma dulzura y me besó la cumbre de los hombros con tanta ternura que me hizo suspirar, se levantó y mientras se alejaba le oimos decir - me voy a dar un baño abajo a la playa, os veo más tarde, pareja.-

Bruno me abrazó como dándome cobijo de la brisa, me quitó el pañuelo. Yo me quedé con los ojos cerrados. Acurrucada en aquel momento. Se oía la noche, ir y venir y quedarse. Y nos quedamos, hasta dormirnos sin querer.








9 comentarios:

  1. Sí. Bruno es un afortunado. Yo quisiera tener dos pieles, poder quedarme solo con la dermis, así de suave y disolverme.
    Buen relato.

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    1. la fortuna suele venir acompañada... qué bueno tener siempre tus comentarios. Besin Sr Kenit.

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  2. A Alma le gustan mucho los amigos de Bruno, al final se va a acostumbrar mucho a ellos y cuando no estén los va a echar a faltar jjeje, la verdad es que lo quiere mucho y se entrega a él al máximo, no sabemos si aún sería capaz de hacer un trío con otra mujer y ver a Bruno disfrutando con la otra, eso sería una buena prueba de amor pero por Bruno lo que haga falta.
    El relato esta muy bien y puede que Alma esté tan enamorada porque a parte de ser su hombre ideal en la cama también la hace sentir especial y todos sus encuentros son mágicos y diferentes, llenos de misterios y eso la pone a ella mucho porque se aleja de toda rutina. No creo que esta pareja se llegue nunca a juntar y a formar una familia, eso sería su tumba para ellos. Besos y hasta los siguientes polvos jejej.

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  3. A Alma le gusta VIVIR y a Bruno le gusta que ella haya aparecido para devolverle a la vida, la entrega y la pasión y la ternura y los sabores de los besos y de la piel... Bruno ha vuelto a escribir, y Alma vuelve a confiar en la posibilidad del amor, quizás.
    Precisamente porque hay magia en el sexo y en la mirada, complicidad de dia y ternura de noche, es por lo que probablemente haya AMOR y haya PAREJA. Que pienso que es el mal de nuestra época...
    Polvos somos, polvos echaremos, y en polvo nos convertiremos, es asi de sencillo, asi que vive mientras te echas el siguiente jejeje.
    pd. pienso que te delata tu subconsciente con lo del trio de dos mujeres, y es por eso por lo que he decidio que sea al revés en esta primera vez :)

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  4. Sensual, sutil, se siente como si lo estuvieras viviendo.

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