AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

lunes, 23 de enero de 2012

MI UNICA Y ULTIMA FOTO

El dijo - dame tu INOCENCIA- ... Y YO SIN DARME CUENTA SE LA DI


   Aquella tarde de sábado perdí la INOCENCIA, si es que alguna vez la tuve. Aun no entiendo porque se nos presupone inocencia infantil. La rebeldía estaba presente incluso en las ondas de mi pelo, en mis sueños, que jamás confesé, ni siquiera a los batas blancas que tanto me interrogaron años después. Odio, del que dicen que los niños no conocemos, pero sí, claro que lo llevamos dentro clavado. Pero esto no fue cuestión de rebeldía.

   ODIO que el señor oso me haga fotos, tengo frío cuando me desnuda.

   Recuerdo esta foto con especial DESAGRADO. Me la había hecho años antes y ahora la tenía puesta en su despacho en un marco de madera, junto a otros niños, alguno de ellos amigo mío. Debe ser por eso por lo que ahora, ABORREZCO tanto las fotos, me producen DESAZÓN, y siento como ANGUSTIA.


   El decía que yo era el mejor, me daba caramelos de cola para que me diera menos ASCO pasarle mi lengua, me decía que era un juguete para mí, y yo solamente pasaba la punta, pensando en mis juguetes, mi camión rojo de bomberos, pero el me cogía la cabeza y me apretaba contra sí. Se le ponía dura y más grande, y yo sentía mas asco y mas REPUGNANCIA. Comenzaba a respirar mas fuerte, como cuando los osos se enfadan, y a mi se me acababa para entonces el caramelo. Así que el sabor NAUSEABUNDO se volvía insoportable, cerraba los ojos, y se la agarraba con mis dos manos, arrodillado, rezando, suplicando, implorando a su dios para que se fuese pronto, me limpiase con aquel pañuelo blanco bordado que guardaba allí siempre para mí,  y me  dejase marchar del confesionario. 

   A veces, unas cuantas, muchas, no sé, vomité en el suelo y una vez en sus zapatos, le manché la sotana negra. También se enfadó por eso. Y me pegó una torta con la zarpa abierta que me dejó sentado en el rincón frío de aquella caseta de madera donde solamente los niños elegidos, como yo, podíamos entrar.


   Me mandaba quedarme cerca siempre después del catecismo, nadie me esperaba fuera, en el patio de la iglesia, así que nadie me echaría en falta. Aquella tarde de sábado fue especial. Llevaba en la mochila la navaja con el mango tallado por mi hermano mayor, que guapa era. Cuando el oso me llamó la metí en el bolso de mi trenca azul marino, para que nadie me la robara. Las medias de lana, azules también, recaídas en los tobillos. Me quitaba siempre el reloj que mi padre me había regalado, había sido de mi abuelo también, y yo no quería que ninguno de los dos se enterasen de aquel asunto del oso. Me acerqué despacio, paso a paso, sin hacer ruido, saludé haciendo la genuflexión aprendida y le bese la mano. Eso también me daba bastante grima, también tenía pelos en la mano. 

   Aquel día el oso estaba enfurecido porque otro niño mayor que yo se había portado mal y no había querido -orar- hasta el final, así que me habló enfadado, arremangó la sotana, bajó la bragueta y me ordenó hacerlo "sin caramelos ni ostias" recuerdo que dijo. Me empujó más que nunca, no me dejaba respirar y me tiraba del pelo, agarré la navaja del bolsillo de la trenca, la abrí con las manos, agarré con la izquierda su -todopoderosa- como el la llamaba siempre y mientras se la chupaba entre arcadas y nauseas y vómitos y todo, le metí un buen tajo a traición, como cuando ayudo al abuelo a cortarles el cuello a los pollos, igual. 

   Tajada firme y segura, profunda, para que no sufra el animal, decía el noble de mi abuelo paterno. Salí azotado contra la pared del empujón que me arreó, se cayó al suelo retorciéndose, ya no respiraba como un oso enfadado, sino que aullaba como una hiena herida, pero sin sonrisa. Sangraba mucho por entre las manos. Y gritaba... Me llamaba demonio, hijo de una putabruja y de satanás... y muchas otras cosas que ya no recuerdo, y que seguro que hoy no le perdonaría. Cogí la navaja que me había regalado mi hermano mayor, manchada de sangre de pollo, y agarré todos los caramelos que me debía el OSOPUTO, de las tardes en las que estaba enfadado, y me fui deprisa, pero no corriendo.

Llegué a casa y mi madre me puso la merienda especial de sábado.  
Le dije, - "mama, ¿ verdad que no tengo porqué hacerme más fotos. . . ?"
Y ella, acariciándome con toda la ternura del mundo, me respondió: 
- "claro cosaguapa, nadie te obligará si tu no lo deseas". 

Esta es la única y ultima foto que existe de mi.
Cuando aún creía en la inocencia. Pensé que te gustaría verla. 
Yo todavía no puedo.
En fin, mañana cumplo 62. 
Celebraré una vez más que ningún oso me ha violado.

Little Buddha by Ryuichi Sakamoto on Grooveshark

6 comentarios:

  1. La Iglesia Católica ha TORTURADO a muchisimos niños, y continúa haciéndolo. desde el trato degradante e inhumano, hasta la violacion y pederastia. El miedo a esta poderosa institución no debe hacernos dejar de luchar contra estos delincuentes. El escándalo de tremenda dimensión empieza a aparecer en los medios de comunicación estos ultimos años.
    Exijamos transparencia y justicia a nivel internacional.

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  2. Qué mal cuerpo me ha dejado antes de las 8 de la mañana, arggh!
    Muy bueno aunque muy duro.
    Sueño.con el dia en que estos hijosdelagranputa vayan a la cárcel, donde espero les hagan lo mismo.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Realmente es buenisimo...... y duro y cruel y asqueroso pero magnifico

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  5. Repugnante relato, solo de pensar que pueda ser así o incluso muchísimo peor ya me pone enfermo. Y el oso le llamaba Satanás al niño, menuda paradoja por parte de un violador, traidor y abusador. La maldad humana no tiene límites, uno ya no sabe porque actúa así el ser humano, que hemos hecho mal y que educación hemos recibido. Que no hayan representantes de la iglesia en la cárcel con la cantidad de delincuentes que hay entre ellos en bochornoso y da que pensar. Besos bruxina, sin caramelo.

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