AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

lunes, 9 de enero de 2012

MAITENA

   La verdad, que pregunta más estúpida. Todas sabemos que los peluqueros acaban haciendo lo que les parece, o lo que les viene en gana ese día, o en el mejor de los casos, lo que estima que te sentará mejor... entonces les llamamos "estilistas". Que no es lo mismo. 
   A una peluquera se la quiere, a un estlista no. Con una peluquera juegas al parchis y te mandas whatsapp´s de cocacolas 3,5 litros y otraspollas, cómo demonios no vas a querer a LA_PIN, ozú xoxete... jajaja.
   Yo llevo más de treinta años poniéndome en manos, dedos y tijeras de la misma peluquera. Aquella primera vez, que siempre hay una pa estrenarse, fué cuando todas las niñas cogimos piojos en el colegio Santo Ángel de la Guarda, (incluso las que lo negaban, porque yo le vi piojos a Bego la tonta del bus de la parada de Calvosotelo), y como os decía, sospecho que mi madre decidió que me sentaría bien mi pelo rizado -algo más- corto. Ella, la peluquera, en connivencia supongo con la jefa de trincheras de mi hogar, decidió cortármelo como un guaje... puf... que pintas, lavirgendelasfloresdeprimavera... Entre mi carácter, la educación de aquellas monjas piojosas, las niñas programadas para limpiar culos de nenucos en el recreo y las nanci-girls aburridas que me rodeaban y que no valían ni pa darle caña a la comba, acabé volviéndome algo marimacho, que decían entonces. Otro día os cuento más de esto de la marimachez, antes consultaré con mi hermana pequeña, que se acuerda de todos y cada uno delos detalles, que yo nunca retuve, por memoria vaga o por no ocupar mi pequeña CPU innecesariamente.
   Entré, evidentemente, obligatoriamente, en esa etapa tan dura y tan radical, hormonal y afectivamente, la putadolescencia, que no la entiende ni uno mismo... Ella, mi peluquera me respetaba, más o menos, las pautas y largos que yo le decía. Salía de la peluquería con el pelo mojado, me lo revolvía en el portal, cual perro que sale del agua y espanta la mojadura revolviéndose a un lado y a otro. Imagínate las pintas. Yo le decía: "No te preocupes, no diré que vengo de la peluquería." jejeje.
   Llegaron los años de universidad, seguí con el modelo cómodo, es una suerte tener los rizos como los tengo la verdad, así que seguía secándolo al aire, a lo loco, más de algún resfriado me costo. Descubrí el secador con difusor, que gran invento coño, y hasta hoy. Los costipados los cojo por destaparme.
   Empecé a trabajar. Volvieron los cambios. Propuestas de cortes a los que le hice caso, y cambios de color. Porque he de confesar que tengo canas desde que cumplí creo mis 18 añinos.
Recuerdo una vez, cuando yo ya llevaba unos 20 años tiñéndome,  que me dice mi hermana... "Mira, me están saliendo dos o tres canas, joder..." uffffff... no sabía si reírme a carcajadas, si llorar o si ponerme a gritar, porque todas las opciones no se puede, pero era lo suyo...
   Incluso el día de mi boda llevé el peinado recogido que ella decidió que era apropiado a mi vestido y a mi forma de ser. Todavía no sé como consiguió convencerme y que yo diese el visto bueno. en fin, lo más importante era darse cuenta del error que iba a cometer, que más da cómo fuera peinada al ayuntamiento esa noche preciosa de noviembre, preciosa para todo menos para casarse, claro está.
   Suelo contar chistes picantes allí, elijo el tema en función de las clientas, que nos conocemos casi todas de hace muchos años, pero me encanta sacarle algún sonrojo a alguna de ellas... Como mi peluquera tiene déficit de audición importante, más de una vez he tenido que repetírselo en medio de las carcajadas de las demás. Pero esa sordera parcial es como un regalo de la naturaleza, a cierta edad, en ciertas profesiones, a élla le salva de oír muchas gilipolleces de algunas de sus clientas, porque hay cada una que diosnospilleconfesaos jajaja...
   El día de mi divorcio, en cambio,  no recuerdo como estaba peinada, que mas da ya, aquella historia está olvidada. Es más, no fui al juzgado, no me presenté, así que me declararon en rebeldía, no sé como se dice... Nada quería de el después de varios años de separación, así que más daba mi peinado y si pagaba el también mi mitad del abogado... En fin, de todo lo que dejé, echo de menos, algunas fotos, las estanterías de la habitación del ordenador, y el tiempo de mi vida que en algún momento perdí con tremendo ser. No le guardo ningún rencor, cosa que no entienden mis amigos, pero tampoco le quiero. Cero grados, ni frío ni calor.
   La peluquera siempre supo diagnosticar mi estado anímico, según me abría la puerta. Es única en eso, y además es buena profesional por discreta y nada cotilla.Un día llego y le digo: "anoche soñé que me hacia un cambio de look impresionante, porque estoy harta de teñirme con frecuencia"... Me mira y me dice: "Aunque tienes tremenda personalidad... Ni hablar... el pelo corto y canoso no te quedará bien, además exige ir muy arreglada a diario". Yo me empecé a reír a carcajadas, todas las paisanas de la peluquería nos miraban, pues no, no era ese el new look que había pensado, le dije. Y ella, tan sincera siempre, me dice: "pues menos mal, ainsss, ya me veía convenciéndote con lo cabezona que eres a veces..." jajaja...
   Aunque procuro dejarle que encienda el secador ese de dosmilymonton de watios, aún sigo despeinándome en el portal cuando marcho de la peluquería. Y nada de laca, ufff, la detesto.
   Para ser justa, debo decir también que mi peluquera es guapa. Y que la quiero un montón. Pero son muchas veces las que me he visto como en la viñeta de Maitena, pidiéndole un milagro, y conociendo de antemano, que ella haría lo que le diera la realisima gana, que pa eso es mi peluquera.
   Ye la mejor, sin duda. 
   Un beso, Teo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario