AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

jueves, 15 de diciembre de 2011

SAMAEL, el Amante de Eva.


   No se le menciona jamás en los textos canónicos, por lo tanto es difícil encontrarlo en los índices doctrinales bíblicos o en las enciclopedias, pero esta particularidad no lo ha hecho menos célebre entre los heterodoxos, sino más bien todo lo contrario: talmudistas, apocalípticos, gnósticos, rabinos jasídicos y comentaristas del Tarot y de la Cábala se han ocupado de él, convirtiéndolo en protagonista de acontecimientos tan remotos como fascinantes.

   Supuesto marido o amante de Lilith, habría constituído en su compañía la otra pareja imprescindible en el desarrollo del drama del Edén. Tras la separación de Adán y Eva, mientras Lilith consolaba al hombre promordial, él habría hecho lo propio con la madre del género humano; y se afirma que engendró en ella nada menos que a Caín, fundador y origen de la estirpe de los réprobos. Otras versiones lo hacen marido de Iser (más conocida como Zemunín), la comprensible y afable protectora de prostitutas y cortesanas, a las que ayuda a salir de su condición siempre que realmente lo deseen.

   Pero acaso la más bella de las aventuras atribuídas a Samael es la que lo relaciona con el Diluvio universal, tanto en la epopeya de Gilgamesh como en la versión acaso copiada que nos transmite el Génesis. En referencia a esta última se asegura que consiguió colarse como polizón en el Arca, donde tuvo comercio sexual con una de las nueras de Noé, transgrediendo la prohibición de fornicar que había establecido el Patriarca para todas las parejas de la nave, mientras durasen las señales de la cólera de Dios; pero el perro y el cuervo lo secundaron en su actitud rebelde, lo que les valió como castigo ser expulsados del recinto de los elegidos. Pero el singular demonio eludió la condena porque abandonó el Arca tal como había penetrado en ella, afrontando las aguas sin temor, ya que su vida y su cuerpo ocupaban apenas el espacio de una gota de miel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario