AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

martes, 8 de noviembre de 2011

Habitacion 314 (Te doy mis manos) / Motel Magenta



Toma mis manos, le dije. Te las doy sin restricciones. Manos sabias. Amantes. Sanadoras. Manos que perciben lo que yo no veo, que transmiten lo que yo no sé decir, que alivian más allá de mi razón, que recogen los misterios de la vida y que saben de la vida más que yo… Te doy las yemas de mis dedos que tienen vida propia y que algunos días disparan hacia el cielo rayos de luz mágica. Te doy mis huellas dactilares, que acostumbran a inyectar amor, que tienden a disolver angustia y a beberse el dolor ajeno. Te doy mis uñas, que conocen idiomas extranjeros, que son expertas en dibujar sofisticados mapas de placeres epidérmicos. Te doy mis montes de la luna, que huelen a melancolía y se apoyan dulcemente en tu pecho cuando duermes. Te doy mis montes de Venus, que son mullidos como mi alma, que se dejan morder y pellizcar y se entregan de cabeza a las pasiones más perversas. Te doy todos mis dedos, que juntos articulan enciclopedias de sensaciones infinitas, galaxias y planetas de todos los colores. Te doy mis nudillos, que son un paisaje familiar cercano y transitable, lleno de secretos comestibles. Te doy mi línea del corazón, que es transparente y ancha como un mar ficticio. Te doy mi línea de la vida, que es risueña y trepidante y está llena de futuros y sorpresas. Te doy mi línea del amor, que es un viaje sin retorno, intenso, inagotable, arrebatadoramente placentero. Te doy mis manos. Tómalas. Haz con ellas lo que te parezca, pero hazlas tuyas...  
Y entonces abrazó mis muñecas a los barrotes de la cama con un par de grilletes y se empleó a fondo en el resto de mi cuerpo.